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El rey de la casa


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Me pregunto si seré capaz de volver a comer algo sin lemon grass y cilantro y me sabrá a algo.

Hoy he probado una sopa tailandesa picante y no siento los labios, especialmente el inferior, desde entonces.

Me quemé la espalda en la playa y resulta que un masaje relajante de una hora con cremas de aloe vera es más barato que comprar un frasco y tratar de ponérmela yo solo cual contorsionista.

El masaje ha sido doloroso en lo que a la espalda respecta, pero he salido como nuevo y prácticamente sin quemazón. Para tener alergia a la aloe vera, mi piel se ha portado (solo me puso esa crema en lo quemado, en el resto del cuerpo, aceite de coco, que si no se me erupciona toda la piel).

Vietnam es tan barato, pero tan barato, que Tailandia me está resultando cara. Miedo me da cuando llegue a Singapur, que es como la Suiza o la Noruega de Asia en lo que a precios se refiere.

La diferencia en belleza entre los tailandeses que trabajan de modelos o actor y la realidad de las calles es la más abismal que he visto jamás.

No me gustó Bangkok. Entre nada y poco. Con decirte que prefiero Phnom Penh... y eso es mucho decir, que menudo lugar... No entiendo que Bangkok funcione.

Me pegué un hostión con una roca en el pie derecho y tengo un dedo morado desde entonces. Gracias al Thrombocid y a los consejos de mi fisio Iván ya ni duele.

El otro día me surgió la necesidad real de comprarme un pareo. Elegí uno de elefantes y tuve que regatear, con lo que lo detesto. Odio tanto los países donde se regatea como amo los que exigen pareo en el día a día.

Por el precio de un cappuccino de mierda puedo cenar dos platos caseros. No tomo café desde que pisé Tailandia. Y no lo echo de menos. No. Nada. #misganas



Ayer sufrí lo que viene siendo un stendhalazo en toda regla. Nada menos que un Domingo de Ramos... pero sin ningún poso religioso, o quizás sí; pero no católico, eso no. Quizás porque, de apuntarme a una religión, no me importaría ser de la de los adoradores de la belleza. La Belleza con mayúscula, la que está en muchas cosas materiales, pero también en las que solo se sienten, las que se esconden detrás de los sentimientos. Ayer sufrí Síndrome de Stendhal en la muestra que conmemora el Centenario del nacimiento de Gloria Fuertes.

A ratos sin oxígeno, otros con las lágrimas a punto de correr por las mejillas, siempre con una mezcla de sentimientos a cada paso que me impedía incluso tenerme en pie, con ganas de salir corriendo para esconderme un poquito antes de volver. Ayer me volví más 'Fuertista' que nunca.

Y lo hice porque descubrí a la Gloria periodista. Qué orgullo sentí cuando vi su carné de prensa de cuando trabajaba en una publicación infantil franquista. Pero, sobre todo, qué boquiabierto me quedé con la entrevista que publicó a Mari Trini. Ojalá pudiera escribir algo así alguna vez en mi vida. No es que era poesía, metafóricamente. Es que era lirismo auténtico, en las preguntas y en las respuestas, en un mano a mano que me dejó completamente sin habla, sin aire, sin suelo bajo los pies.

La leí, la releí, la volví a leer. Creo que la leería todos los días de mi vida, solo para recordarme el camino, el de la maestría literaria en el periodismo. Que no es que aspire a ser Gloria Fuertes, pero sí que quiero dar lo mejor de mí mismo, y las metas deben ser altas.



Sabía que, si dejaba pasar el domingo en casa sin nada que hacer, me arrepentiría por no haber ido a la exposición. Otro motivo más para no dejar que el tiempo pase sin aprovecharlo. Una lección que debo aprender a diario. Qué mejor que de la mano de Gloria Fuertes.

PD: Por cierto, que en una vitrina tenían su carné de conducir internacional de los años 60 o 50 y era casi igual que el que me dieron a mí hace unas semanas... Ya le vale a la DGT.

Pussar och kramar!